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martes, 8 de abril de 2014

NOÉ "en misa y repicando".

El polémico Darren Aronofsky se adentra en arenas bíblicas poco antes de la Semana Santa, campaña premeditada o no para la búsqueda de hacer caja, rodeándose de un gran elenco y efectos visuales para dar una vuelta de tuerca a la historia de Noé.


En un mundo casi apocalíptico en el que los corrompidos hombres han destruido casi el mundo entero. Noé (Russell Crowe) es un hombre justo que recibe mediante sueños la misión de construir un Arca en el que albergar a los animales de la creación, dado que la tierra recibirá un diluvio que acabará con todo.

Mientras asistimos a la proyección de esta vuelta al género bíblico nos llega la pregunta una pregunta a la mente, ¿en qué estaría pensando Aronofsky para decidirse en aceptar este proyecto tras la espléndida "Cisne Negro"?
La respuesta es muy sencilla, su asentamiento definitivo en la maquinaria de Hollywood para realizar a partir de ahora todo lo que le venga en gana. Llegar a la cumbre de tu carrera con su anterior trabajo no le aseguraba nada si no era, perdón por la expresión, "pasando por el aro" de los productores. Ahora, el resultado es lo suficiente correcto y eficiente como para seguir su carrera por donde él realmente le gustaría, pero con más dinero. Conclusión: el dinero es, al igual que el vicio que vemos en la película, lo que ha corrompido al sugerente director.

Después de esta pastosa teoría nos toca ahondar un poco en lo que de verdad importa, la película. Quizás la culpa era nuestra, creíamos que nos íbamos a encontrar una obra provocativa y rompedora que aunque no complaciera a todos los paladares (religiosos), por lo menos tuviera el sello e identidad del director.

El esfuerzo es notable, intentar provocar a la vez de sentir la presión de un estudio que sólo busca hacer dinero es complicado. Sin embargo, comete un error de principiante, es más, de videoaficionado amateur que intenta recrear una historia entre "amigotes", coger el nombre que aparece en el texto original (La Biblia) e intentar crear un mundo fantástico a partir de él es algo demasiado sencillo para una mente tan retorcida como la de Aronofsky. Podría haber funcionado, pero con coger nombres, lugares y mitos sueltos no es suficiente. De tanto intentar provocar se ha quedado la broma en una historia blanda, que no provocará nada más que al fundamentalista, mientras que al resto de público se le antojará como una revisión blanda del Génesis al más puro estilo "Furia de Titanes" con ecos de "El Planeta de los Simios", pero no el original de Charlton Heston, sino la versión de Tim Burton.
¡Ups! Que lo que nos venga a la mente sean los simios de Burton no dice mucho, es más, no dice nada de un director que se había labrado una carrera impecable y no hecha para todos los gustos.

Ese es el problema de la película, que bajo su pretendida provocación no encontramos más que una película de corte fantástico para todos los públicos, que se aleja de las interesante reflexiones filosóficas de la reivindicable "El Árbol de la Vida". En aquella ocasión se le perdonaba todas las patadas históricas que daba, gracias a la profundidad y el sentimiento, que en este caso no encontramos. No sabemos ni qué quiere contar, ni a dónde quiere llegar, ni qué se nos está contando. De tanto dar vueltas de tuerca, este "Noé" new age carece de toda personalidad, y la falta de carisma resulta peligrosa a la hora de ver la que supuestamente iba a ser la película que más ampollas iba a levantar desde "La Última Tentación de Cristo" o "La Pasión de Cristo".

Más allá de lo que buscábamos en ella, se puede decir que visualmente es correcta, a pesar de esos gigantes de piedra que emulan los míticos golem de la cultura judía, y en algún que otro momento intenta salir a flote alguna de las obsesiones del director, como en todo lo referido a los flashbacks de la creación de la tierra, que lejos de alejarse a teorías religiosas, se acerca más a ellas mediante una visión científico-religiosa. Lo que nos crea la siguiente duda, ¿a quién quería incitar recelo realmente? A los creacionistas suponemos y a nadie más. Y ahí es donde más ha fallado Aronofsky, o levantas ampollas o eres fiel al texto, y para la ocasión no nos viene mal la expresión, no se puede estar "en misa y repicando", y esto es precisamente este "Noé" supersónico.

Suponemos que en el fondo la culpa es nuestra, esperábamos algo radical y que suscitara debate durante una larga temporada. Al final vemos que la película no es más que un pastiche de otras como "El Señor de los Anillos", "Furia de Titanes" y "Timeline". Carece de ritmo y corre el peligro de levantar muchos bostezos en la platea. Ojo su anti-clímax, inexistente, en el que si fuera por Aronofsky bien podría alargaría esta historia hasta darse de bruces con el Evangelio.

+ El personaje de Emma Watson, el más jugoso de todos, incluso más que el del propio Noé.
- Los gigantes-piedra versión golem, levantan auténticas risas entre el público.

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