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martes, 29 de abril de 2014

AZUL Y NO TAN ROSA "las buenas intenciones se las lleva el viento"

Avalada por el Goya a la Mejor Película Iberoamericana en su última edición, llega esta comedia dramática sobre la normalización de la homosexualidad en Venezuela.


Diego (Guillermo García) es un fotógrafo de prestigio que mantiene una relación con Fabrizio (Sócrates Serrano). De forma inesperada debe hacerse cargo de un hijo que tuvo que vuelve desde España y al que hace años que no ve. Al mismo tiempo Fabrizio sufre una brutal paliza por unos radicales homófobos que le dejan en coma.

Al ver esta película nos planteamos si una película por el mero hecho de ser necesaria, ya de por sí merece la pena darle una buena calificación. La respuesta es obvia, no. Siendo conscientes de la problemática que plantea la película, como la homofobia, en una sociedad excesivamente machista, la probabilidad de caer en la moralina de manual resulta muy fácil.


La película de Miguel Ferrari, no cae demasiadas veces en un impuesto sermón, sino que el problema reside en que su retrato no acaba de encontrar el tono que merecía. A medio camino entre la comedia alocada y el drama familiar y de superación, falla precisamente en lo primero, gracias a un guion que potencia situaciones y diálogos demasiado forzados como para ser creíbles.



Ferrari apuesta fuerte y acierta en su mirada de unos protagonistas normales, sin caer en la mirada ya muy lastrada "del gay simpático y con pluma". Sin embargo, en su búsqueda de la cotidianidad acaba cayendo en el uso de un humor que no le viene demasiado bien a la película y hace que no resulte contundente ni demasiado fuerte, en contraposición de la segunda parte de la película, cuando estalla el verdadero drama de la película, bajo la triste mirada de un Guillemo García que resulta ser lo mejor de la película. El actor ha logrado construir un personaje natural, entrañable, que bajo sus contradicciones, resulta ser lo que el director pretendía con todo el conjunto de la película, pero que no consigue con el retrato de muchos de sus secundarios.



A pesar de todo, tiene una serie de puntos a su favor como la relación paterno-filial y un personaje interpretado por una carismática Hilda Abrahamz, que recuerda mucho a "la Agrado" de "Todo Sobre mi Madre" y le ayuda a poner la cosas en su sitio cuando la película se pone muy seria.
La película, evitando algunos aspectos de su primera parte que chirrían demasiado, se puede ver y hasta llegar a disfrutar, aunque no por sus buenas intenciones acabe logrando su objetivo.

+ A pesar de todo, resulta una película valiente.

- No acertar con el tono de la comedia.

PUNTUACIÓN TOTAL: 
★ ★ y 1/2



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