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martes, 1 de marzo de 2016

LA DECISIÓN DE JULIA "el amor como sendero doloroso"

El pasado fin de semana se estrenó la tercera película de Norberto López Amado, una pequeña producción independiente que se presentó en la pasada Seminci.

Julia (Marta Belaustegui) ha tomado una decisión. Ha reservado una habitación de hotel, lleva consigo tan solo una maletas con unas pocas pertenencias. Dos personas más acuden a su encuentro. Revivirá los momentos más importantes de su vida, muchos de ellos vividos en esa misma habitación de hotel junto a Lander (Fernando Cayo).

Han pasado muchos proyectos por manos de Norberto López Amado desde su debut en el cine con "Nos Miran" hace dieciséis años, la mayoría series de televisión como "El Tiempo entre Costuras" o "El Internado", por poner algunos ejemplos. Entre medias un magnífico documental sobre el arquitecto Norman Foster, nominado además al Goya.

Entonces, ¿qué encontramos de todos estos trabajos en su nueva película? La verdad es que parece que a pesar de ser su tercer largometraje, descubrimos un director que es capaz de llevar más allá las apenas cuatro paredes en las que se ha rodado "La Decisión de Julia". Consigue trascender la simplicidad de su propuesta, que bien podría haber nacido como una obra teatral, consiguiendo que el espectador recorra el mismo camino de amor y muerte que su protagonista. 

Porque casi todo lo que vemos en esta pequeña película está narrado por sus dos omnipresentes protagonistas, haciendo que sea nuestra mente la que ponga las imágenes a todo aquello que van relatando los dos personajes principales en ese cara a cara interpretativo.  Para ello, López Amado se sirve de un guión delicado, que va dosificando la información, creando unos giros argumentales insospechados, haciéndonos transitar por varios géneros desde el drama romántico al thriller. Son varios los temas que toca, que acaricia con las manos, dejando una huella que sirva al espectador para reflexionar. Sorprende la asombrosa capacidad que posee de plantearnos un amor imposible entre una chica normal y un monstruo. Ese es uno de los puntos fuertes de esta película, la mirada que pone y todos los interrogantes que plantea sobre temas tan espinosos como el terrorismo, la muerte y el amor. ¿Cómo es capaz una persona de ser un asesino y a la vez amar con tanta intensidad a otra? 





Rodada en un delicado blanco y negro, con una lluvia de fondo continua y una hermosa música, su protagonista va recorriendo los momentos más trascendentes de su vida desde que éste cambió para siempre. Ese amor verdadero, pero destructivo, la obsesión y la venganza. Para ello su director pone frente a la cámara a dos talentos interpretativos como Marta Belaustegui y Fernando Cayo, que son capaces de llevar sobre sus espaldas unos personajes con demasiados claroscuros. Una gran aplauso se merece Belaustegui, el rostro de Julia, que con su mirada y voz quebrada es capaz de transmitir todo el amor, el dolor y la vida que impregna cada secuencia, a pesar de que se trate de una película sobre la fin de la vida.

+ Marta Belaustegui.
- Su fórmula puede sentirse agotada en su tercio final.

PUNTUACIÓN:    *  *  *


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