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jueves, 15 de noviembre de 2012

EN LA CASA "perversos juegos adolescentes"


François Ozon adapta una obra de teatro del español Juan Mayorga “El Chico de la Última fila”, consiguiendo la Concha de Oro y el premio del Jurado al mejor guión en el último Festival de San Sebastián.

Claude (Ernst Umhauer) es un chico de dieciséis años que consigue adentrarse en la casa de un compañero de su clase haciéndose pasar por su amigo con la intención de espiar qué ocurre en su casa y luego escribirlo en una serie de redacciones que entrega a su profesor de literatura (Fabrice Luchini), que se dejará caer en ese juego perverso por la mera curiosidad de saber qué será lo siguiente que ocurra.

François Ozon, un director con una de las filmografías más interesantes del panorama francés. Ofrece toda una lección de cine con esta sorprendente historia que atrapa desde el principio.  
Una fábula sobre el afán del ser humano de conocer la vida ajena, en la que usa el personaje del profesor que va leyendo las redacciones en las que el joven estudiante cuenta cómo se va adentrando en la casa del título, y cómo en vez de hacer un acto de madurez y parar indiscreción, se convence a sí mismo en que sus razones son potenciar el don del estudiante, cuando lo que persigue es saber más sobre la espiada familia. Y este sentimiento que surge en el profesor es lo que le ocurre al espectador, la forma que juega Ozon con él, en la que continuamente anheles saber cuál será el siguiente capítulo en la vida de esa familia de clase media.

Consigue sacar al voyeur que todos llevamos dentro y al igual que su protagonista, aceptemos el perverso juego al que se dedica el estudiante, aunque todos sepamos las drásticas consecuencias que puede traer. Y es gracias al buen ritmo de la película, que consigue que en ningún momento resulte monótona la narración, porque podría haber corrido ese riesgo y haber caído en el convencionalismo y con ello haber fracasado. Pero, se apoya en esa mirada perversa que imprime a cada una de sus imágenes y escenas, que lo que se inicia como un simple trabajo escolar, se transforme en un juego peligroso en el que manipulan las vidas de los miembros de la familia a su antojo.

A medio camino entre la sátira con tintes de comedia y un thriller oscuro, nos habla Ozon de muchas cuestiones como las relaciones de familia, la novedad como escapatoria ante una vida insulsa, la envidia. Porque a pesar de que el malvado y joven protagonista se divierta con su juego, lo que se puede entrever es resentimiento y envidia, que se convierten en su patrón de vida y lo difícil que es volver atrás.

Una película con pone muchas trampas al espectador, en el mejor sentido de la palabra, que al igual que los protagonistas juegan entre ellos, Ozon juega con el espectador, haciendo que llegues a plantearte incluso si es real todo lo que vemos, o simplemente está jugando con la imaginación. Destacar que las intensas imágenes están aliñadas con una partitura de Philippe Sardi, emocionante que se acoplan perfectamente a la película.

Y no habría conseguido que la película resultara creible si no fuera por una serie de actores que ponen lo mejor de ellos y salen victoriosos ante esos conflictos que les surgen. Sostienen la película con unos personajes perfectamente escritos, que de hecho parece que han sido creados para ellos. Todos están perfectos, pero hay que destacar al joven protagonista Ernst Umhauer, que construye un personaje a camino de Hannibal Lecter y Tom Ripley y que consigue que te estremezcas con su maligna mirada.
 
Una película que se muestra como una de las obras más interesantes de su director y se coloca en el panorama de las propuestas más llamativas de este año, que podría acabar convirtiéndose en película de culto, pues su director ha ofrecido una joya del cine francés que muy difícilmente conseguirá superar en un futuro.


+ Su trepidante ritmo y sorprenderte a ti mismo como cómplice de la farsa
- Algún espectador puede sentirse manipulado en exceso

PUNTUACIÓN TOTAL: * * * * *
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